MENSAJE 06
 
     
 
Berlin, Alemania, 24 de mayo, 1999
 
     
 
Mensaje del lunes de Pentecostés.

La sexualidad en sí misma no es algo negativo que debe ser condenado o doblegado.

Es solo un aspecto de la vida y, por consiguiente, no debe dominar nuestra vida.

La sexualidad no necesita ser degradada a una salida para la lujuria, déjenla ser una expresión para el amor y la inteligencia divina.

Permítanle ser un camino intermedio - entre la lujuria sin propósito y el atormentando ascetismo.

La sexualidad es una tierna flor. Tiene que ser nutrida y valorada. Si se le da rienda suelta, entonces es disipación necia de la energía y suprimirla brutalmente es destruir algo delicado y bello. Déjenla descubrirse y evolucionar - ni negándola, ni sucumbiendo a ella.

Amar es la más grande de todas las cosas, puesto que en ello está el completo abandono de sí mismo.

Amar es darse cuenta de la eternidad. El amor es la excelencia de la inteligencia. Amar es estar en la “no-mente”.